Alguien dejó pruebas de un momento que no me incluye.
No es que no esté: no me encuentro.
En la imagen hay una versión mía que participa sin consultar.
Se mueve con naturalidad, como si supiera qué hacer con su propio cuerpo.
No la reconozco, pero tampoco puedo desmentirla.
Hay testigos.
Insisten en que yo estaba ahí.
No discuto: les creo más a ellos que a mi memoria.
El problema no es el recuerdo.
Es la ubicación.
No sé desde dónde mirar lo que pasó.
Si me acerco, desaparece.
Si me alejo, aparece completo.
Hay un gesto que se repite en distintos registros:
una inclinación leve, como si escuchara algo que no está en la escena.
Ese gesto soy yo.
O eso dicen.
A veces sospecho que no es que no me haya pasado,
sino que ocurrió en una versión mía que no me fue asignada.
La que escribe esto no estuvo ahí.
Pero conoce demasiado bien los detalles.
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