Recuerdo algo que siempre me pasó,
pero llegué tarde.
Ya estaba dicho,
ya estaba hecho,
ya estaba yo
en otra parte.
Me vi doblar la esquina
con una precisión impecable.
Ni dudé,
ni miré atrás.
Como si supiera exactamente
cómo no encontrarme.
Quise alcanzarme,
pero no corrí.
(En algunos recuerdos
una aprende a respetar la distancia.)
Desde entonces,
cuando paso por ahí,
me hago un gesto leve,
como quien acomoda el aire
antes de irse.
0 comentarios:
Publicar un comentario